Bibliotecas cortas de libros.

Bibliotecas cortas de libros.

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La crisis acecha por todos los rincones. Como una sombra va recorriendo los estantes devorando la extensión física de la imaginación y la memoria. Las bibliotecas sufren el declive de la cultura en lugares donde tiene más valor los extraordinarios eventos y las grandes construcciones que la reposición de libros. Se quedan así cortas de libros las bibliotecas.

Los recortes están afectando la adquisición de títulos que nutran la oferta cultural de las bibliotecas de titularidad pública. El destacado papel de las bibliotecas públicas en la formación de los jóvenes se ve afectada por la escasa inversión en fondos bibliográficos que nutran la mente y la esperanza de quienes aún se preocupan por su futuro. Se acusa, quizás injustamente, de que la juventud visita poco las bibliotecas. Como si la baja asistencia fuese solo responsabilidad de quienes son sus usuarios por antonomasia, sin extenderla a quienes tienen que labrar, incentivar y potenciar su uso como entidades públicas que lo son.

Hace más de diez años la Unesco incidió en la necesidad de que las administraciones públicas y privadas trabajaran para procurar un acceso democrático a los fondos bibliográficos a través de procesos de digitalización. Procesos que iniciados en el 2008 parece que se retrasan siempre por motivos económicos. Aunque las razones se quedan exiguas al ver como si se disponen de fondos para otras obras y conciertos que nada tienen que ver con la cultura, bagaje que alimenta y es fundamental para nuestro futuro.

Establecidos unos estándares que recomiendan un número determinado de libros por habitante en el radio de acción de una biblioteca sigue resultando preocupante que ni tan siquiera en las nuevas bibliotecas se consiga a veces llegar a contar con un mínimo de un libro por persona en depósito.

Quizás la alternativa a la flagrante falta de libros físicos pasa por incentivar la posibilidad de acceder a la biblioteca digital desde la comodidad del hogar. Aunque aún no es la panacea, en tiempos de austeridad económica, dado que los costes también son considerables.

Bibliotecas sin libros físicos ya existen en ciudades como Texas, Nueva York y quizás muy pronto Londres.

Sin bibliotecas muere el conocimiento. Sean lugares físicos, con libros ordenados en estantes o dispuestos en una cadena etérea de bits los libros nos ayudan a establecer armoniosos vínculos con la cultura y el conocimiento, nos permiten leer, llegar a donde quiera llegar nuestra mente hambrienta de conocimiento.

Sistema automático de entrega de libros