Estuvimos en el Curso “Archivos de empresa, al rescate”.

Foto del Curso Archivos de Empresa al RescateAsistimos al curso “Archivos de empresa, al rescate (entre la gestión de calidad y la memoria)” una actividad sin precedentes organizada por la facultad de ciencias humanas y sociales de la Universidad Jaume I de Castellón. El curso iba dirigido a archiveros en su invitación y a archiveros-documentalistas en su contenido.

Archiveros-documentalistas o documentalistas-archiveros, un nuevo perfil profesional cada vez más demandado por las organizaciones y que abre un debate en el sector, tratado en estas jornadas. ¿Está naciendo un nuevo perfil profesional relacionado con la documentación, la información y los archivos?.

Para quien leyó la presentación del curso y no pudo asistir, lanzo unas cuantas preguntas que seguro se formularon ¿Qué pinta Arquímedes en el mundo complejo de la documentación? ¿Qué pinta un archivo histórico provincial en una jornada de archivos de empresa? ¿Qué tienen que ver los ojos de Ariana con los archivos?. Tres, por lanzar sólo alguna, ya que surgen muchas más analizando sólo el título. Pues bien, estas y otras cuestiones quedaron “milimétricamente” tratadas en las ponencias que conformaban el curso.

Jornada sin precedentes porque si bien se lleva hablando tiempo sobre el archivo y la empresa y las nuevas competencias profesionales de los archiveros, nadie, creo, hasta este momento, lo había dejado de una manera tan clara y precisa abriendo debates sin fisuras ni tapujos, avivados por experiencias reales y animados por la situación y tendencias actuales del sector.

Y es que la situación actual abre un amplio abanico de oportunidades a nuestro querido colectivo, relegado casi siempre a los más oscuros agujeros de las organizaciones… Aquí entra, como veremos más adelante, el famoso principio de Arquímedes llevado de un modo muy original al contexto del archivo.

Se habló de “vender” el archivo con los valores que perciben las empresas y no sólo su valor intrínseco: conservar y hacer perdurar la cultura, historia y en definitiva la información valiosa de las organizaciones.

Y en esta línea, se habló de valoración de costes, de RHH, de medios técnicos… De herramientas de gestión como la planificación, la vigilancia tecnológica, de la responsabilidad social corporativa, de identidad de la organización. De los nuevos medios: tecnologías aplicadas a la gestión de archivos, de los gestores documentales, de las web 2.0, del “Cloud Computing” o “Nube”…

De la Normativa inexistente, de la existente cumplida, de la existente incumplida y de la que está a punto a punto de ver la luz y cuya traducción se cuece incluso en los despachos de alguno de los ponentes. Sí, así de actualizados y de ese nivel fueron todos y cada uno de los ponentes. No podían faltar notas frescas que arrojaran optimismo y previsión a nuestro sector en unas jornadas tan bien parametrizadas.

Y se dejaron magníficas perlas como “abandone definitivamente la candidez”, “Un archivo es para rentabilizarlo”, “trabajando se consiguen los objetivos”…

Así salimos con dosis altas de optimismo sobre las nuevas tendencias en el medio-largo plazo, de pesimismo respecto a la situación actual y cortoplacista y con algo muy importante consecuencia de ambas, que es la información clara y concisa, basada en experiencias reales, sobre qué es lo que hay que hacer y en qué líneas hay que trabajar, concienzudamente, para que el archivero encuentre el lugar que le corresponde en las organizaciones y con qué formación debe complementarse y “reinventarse” para que su potencial y sus valores sean: entendidos, analizados, valorados y definitivamente COMPRADOS, esta última palabra con mayúsculas, por las organizaciones.

Para que el archivo se quede protegido en los sótanos si así se considera necesario, pero que su gestión y, con ella, el archivero suban a los niveles trasversales, tan de moda, pasando a formar parte de las áreas de gestión “interdisciplinares”.

Y aquí es donde entra Arquímedes y me atrevo a reproducir de memoria (y por tanto de manera imprecisa) el principio adaptado por Manuela Moro, quien merecería ser considerada, siempre con su permiso y el respeto que merece, la “Arquímedes de los archivos” y cuya magnífica exposición terminó con esta perla: “Todo archivo sumergido en una organización experimenta un empuje vertical hacia abajo proporcional a la indiferencia que genera en dicha organización” (que se genera, o más bien que el archivero permite que se genere).

Y aquí está la clave de todo. En nuestras manos está encontrar los valores reales de los archivos, los mensajes adecuados a la organización, los canales de comunicación óptimos para, de nuevo con mayúsculas, VENDER el archivo en las empresas.

Gracias y enhorabuena a los organizadores y ánimo para preparar la segunda parte, V.2. de este magnífico curso, que nos dejó con un buen sabor de boca y la necesidad de profundizar mucho más en cada uno de los temas tratados.

NOTA: recomendamos ver el documental “los ojos de Ariana” y reflexionar sobre de dónde venimos y la importancia de los archivos en el “hacia dónde vamos”.

Y os invitamos a conocer al “cuenta cuentos” personaje del documental cuyo nombre está bien ganado si realmente, tal y como afirma, su archivo consiste en siete bolsillos con mil historias cada uno, una para cada preocupación que se le plantee. Un archivo vivo de “cultura popular”.

Me quedo con los cuentos del dragón y el viejo de las tres patadas. El primero mitiga nuestras preocupaciones en un mundo arrítmico y consumista y el segundo nos enseña a disponer de uno de los activos más preciados que tiene el hombre en el primer, segundo y tercer mundo… el tiempo. Y que curiosamente es en el considerado “el primer mundo” donde peor se gestiona.

Y precisamente con eso, con una buena gestión de tiempo y mitigando preocupaciones, me consta que se están preparando jornadas, cursos y foros relacionados con los archivos en las empresas, los archiveros a secas, los documentalistas independientes y sobre un nuevo perfil profesional que se fragua en el seno de las organizaciones, todavía sin denominación y que quién sabe cómo será nombrado, quizá ¿el “archidocumentalista”?.

Podría ser… pero lo importante no es su nombre sino que aúna las figuras del archivero y el documentalista, adoptando conceptos legales, de organización, informáticos…convirtiéndose en un profesional “interdisciplinar” y, por tanto, un personaje de moda.

El debate queda abierto.

Eduardo Andrés
Grupo Dopar