La destrucción de documentos que puso en jaque a la CIA.

Kilómetros de cajas a rebosar con expedientes judiciales es lo que podemos encontrar en los sótanos o habitaciones no acondicionadas en los juzgados a lo largo de la geografía española.

Este acúmulo de documentación se ha convertido ya en algo habitual no solamente dentro de la Administración de Justicia, si no en otros sectores públicos como por ejemplo en el ámbito sanitario.

Los recortes presupuestarios, evidencian un claro reajuste en esta materia, lo que nos está llevando a una especie de “Síndrome de Diógenes Documental”.

Los organismos archivan documentos y expedientes sin cesar, previendo encontrar el tiempo libre necesario para emplear la destructora de papel y llevar a cabo la destrucción de documentos necesaria para ganar espacio de archivo y para eliminar la documentación confidencial.

Durante el mes de Julio, la Dirección General de Justicia del Gobierno de Aragón, llegó a la conclusión de que del total de kilómetros de cajas que acumulan, se debería de iniciar la destrucción de documentos que bien hayan prescrito a nivel legal o bien hayan quedado sin valor o relevancia.

La destrucción de documentos de este tipo, no se lleva a cabo con el sistema habitual que tienen muchas empresas tanto públicas como privadas, mediante destructoras de papel, del cual obtenemos las conocidas “tiras”. Este sistema no garantiza la confidencialidad absoluta y el ejemplo lo encontramos en 1979 año en el que un grupo de iraníes reconstruyeron durante varios años los documentos norte americanos que habían extraído de la embajada de EEUU en Teherán.

destruccion documental

En  noviembre de 1979, oficiales de la CIA destruyeron documentos confidenciales, en lo que podría denominarse una destructora de papel común, que puede convertir un documento (1 página) en 400 trozos. Sus esfuerzos  y horas empleadas no sirvieron de nada puesto que el grupo de iraníes desplegaron los trozos de papel en el suelo enumerando, recomponiendo e indexando cada tira , publicando posteriormente un libro que se comercializó principalmente en Teherán rompiendo así el principio de confidencialidad y poniendo en peligro tanto a personas como organismos de espionaje.

La trituración,  a nivel industrial, confiando este servicio a empresas expertas , sí que garantiza y certifica la destrucción confidencial. Logisman, lleva años trabajando y ofreciendo este servicio, y recientemente ha mejorado sus estándares de calidad, acogiendo en su sistema de destructora de papel industrial, la norma DIN 66399 que abarcar hasta siete niveles de seguridad con un tamaño de partícula tras la trituración inferior a 5mm^2 lo que hace imposible la asociación y recomposición de los datos.